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De voz a voz

written by Lisette Riccelli 15 Mayo, 2017
Hijos sonriendo

Hace un par de días mi madre me compartió un artículo curioso con relación al perdón y al rencor en una relación de pareja. El artículo expresaba en muy armoniosas palabras la verdad de quien lo escribía, su punto de vista. Mi mami estaba alcanzando un alto nivel de convencimiento porque la manera de las expresiones casi científicas dictaban que esa teoría no tenía manera de no ser verdad; sin embargo, la detuve y la hice reflexionar acerca del contenido y me di cuenta cómo a pesar de nuestra madurez, edad, profesionalismo, caemos en ocasiones, en la debilidad de creer en los argumentos de otros por aparentar tener lucidez en sus contenidos.  Digo con esto que nos enfrentamos a un mundo donde la información y de hecho la desinformación son infinitas.

Llegan cantidades de frases y escritos, o videos alarmantes a nuestras manos, oídos y ojos que nos cuesta diferenciar entre la realidad, y la ficción, o entre lo bueno y lo malo, de lo prudente o imprudente, de lo valioso y lo no tanto. Es una responsabilidad enorme la que tenemos las mamás al identificar no solo lo que llega a nuestros hijos, si no también lo que nos llega a nosotras mismas. ¡Saber escoger!

De la misma manera como recibimos también brindamos, o damos, para ser más concreta. Es importante entender que las personas a nuestro alrededor sin juzgarlas (ojo, esta parte es la más importante de todo este contexto de palabras, “sin juzgarlas”) procesan y dan lo que la vida les ha hecho experimentar, sin importar cuál sea su cargo o profesión. Las personas brindan, y hablan de lo que abunde en su corazón. Por ejemplo cuando una persona está pasando por un momento de crisis en donde la mejor amiga la traicionó, sus expresiones podrían ser: las mujeres no sirven, todas son chismosas, no vale la pena confiar en la gente y menos en las mujeres.

En fin, debemos estar atentos acerca de cuáles son los conceptos que recibimos, con cuáles nos quedamos, y cuáles repetimos y esta parte es también muy importante, ya que en ocasiones el reflejo de nuestras acciones y palabras van directamente al corazón y pensamiento de nuestros pequeños retoños, quienes absorben en gran manera toda esa basura que nosotras entendemos es momentánea pero ellos aún no tienen la oportunidad de filtrar o resistir.  Si le dices a tu hijo todo el mundo maneja mal, crecerá pensando que todo el mundo maneja mal, y él probablemente manejara mal, porque es que todo el mundo maneja mal. Las palabras tienen poder. Usé este último ejemplo muy sutil, pero tú sabes lo que dices en la carretera (Jajajaja)

No permitas que tus malos momentos o la influencia negativa de otros seres irradien en la plenitud de tu vida y en el brillo de tus ojos, y por supuesto ten presente que nuestras palabras después de ser transmitidas no son borradas, pueden ser olvidadas, sí, pero no borradas.  Solo ten en cuenta que una sola vez se borra, pero si son repetidas con frecuencia, dejarán una marca insuperable igual que en el papel. Escoge las palabras y virtudes que quieres que sean parte de tu vida y la de tus hijos.  Asegúrate de que tenga el contexto correcto cuando te informes, vívelas, refuérzalas, que vibren en ti, para que sean parte de tu naturaleza y las de todos las que te rodean. Yo lo necesito.

Igual que un hashtag #Valor #Amor #Respeto inscríbelas en cada una de tus acciones y pensamientos.

PS: Esta lección de amor es más para mí que para ti, agradezco infinitamente la oportunidad de escribir para Ser Madre Latina, porque me permite reflexionar. Porque cuando enseñamos aprendemos.

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