Home Crianza ¡A jugar! Ser padres nos obliga a volver a ser niños

¡A jugar! Ser padres nos obliga a volver a ser niños

written by Mercedes María Nobmann 27 Marzo, 2017
A Jugar

“Mami, Mami…vamos a jugar, me encanta jugar contigo” Esa es la expresión de mi nena cuando desea jugar conmigo. Justo en esos momentos, estoy ocupada en los quehaceres de casa. Sin embargo, me detengo y mirándola fijamente a sus ojitos puedo ver la emoción que le produce saber que a mamá también le encanta jugar con ella.

Es inevitable reírme cuando recuerdo esos momentos junto a mi hija y esa sensación me lleva a recordar los juegos de la infancia. No retengo en mi memoria los juegos que quizás disfruté a corta edad con mi mamá, pero si recuerdo claramente como en mi infancia, solía divertirme jugando con los amiguitos que vivían cerca. Crecí en una casa grande, que casi siempre, solía estar llena de niños. Mi mamá me permitía jugar y se divertía observándonos, siempre custodiaba cada movimiento y cada juego que inventábamos para divertirnos. Cuando mamá veía que algo no estaba bien, no dudaba en corregirme y en algunos casos impedía que continuáramos con algún juego con el que, a su juicio, podíamos causarnos daño.

Como la mayoría de los latinos de mi época, crecí rodeada de gente, en un ambiente sano, alegre, podíamos jugar en la puerta de la casa, en el patio, en las reuniones de los amigos y la familia. En general, siempre había algo que hacer para divertirnos. Nos conocíamos con todos los niños vecinos de la cuadra, compartíamos los juguetes y siempre había espacio para crear juegos sanos y divertidos. Desde el juego con las muñecas, hacer comidita, jugar a los policías y ladrones, jugar con una pelota, saltar la cuerda…en fin!

Los juegos de infancia me permitieron desarrollar habilidades importantes y aunque, no siempre mi mamá participó en mis juegos, ella sabía que de alguna manera, jugar era importante para aprender y desarrollarme.

Hoy en día, con todos los cambios de la sociedad, se hace necesario conocer y aprender qué se requiere para que los padres podamos ayudar en el desarrollo integral de nuestros hijos. Muchas investigaciones desacreditan la creencia que los niños crecen por sí solos. Bebés y niños necesitan un ambiente que les provea una apropiada estimulación y oportunidades para la exploración sensorial para poder desarrollarse normalmente. La interacción con personas y objetos en el curso del juego tienen un positivo efecto en el desarrollo posterior. (Berk, 2008)[1].

Mi hija nació en un ambiente muy diferente a aquel en el que yo crecí. Así que, rápidamente, motivada por mi deseo de ser una buena madre, desempolvé todas las enciclopedias de desarrollo que traje conmigo (de Colombia) y decidí ser parte importante en el proceso que empezaba mi bebé. No tenía cerca a mi mamá, a mi papá, a mi hermana, a mis cuñadas, a mis amigas que pudieran ayudarme en ese nuevo rol,  pero había una cosa que permanecía conmigo: el conocimiento adquirido a través de mi experiencia y todo aquello que había leído para instruirme sobre cómo podía hacer mejor mi papel de madre.

Entonces, aprendí a hablar con mi hija, usando diferentes tonos de voz para hacer más divertida nuestra charla, le enseñé a descubrir las partes de su cuerpo usando sonidos, estuve atenta a sus reacciones, si me miraba fijamente, si sonreía, si se volteaba y así poder descartar cualquier tipo de retraso o limitación en su desarrollo que pudiera sugerirme apoyo médico especial. No encontré ningún problema en tirarme al suelo para enseñarle a gatear y, poco a poco, sus avances, eran también los míos.

Hoy en día, mi niña tiene 5 años y en nuestros juegos hay más interacción y conversación. Algunas veces cambiamos de papel y a ella le toca hacer de mamá, nos inventamos concursos de canto, pasarela o baile. Otras veces, invento juegos que me ayuden a reforzar alguna debilidad que noto en su progreso académico y, con frecuencia, la creatividad nos lleva también a descubrir nuevos aprendizajes. Tengo claro que cada actividad que realizo con mi niña es una oportunidad que le regalo para que desarrolle sus habilidades en las diferentes áreas de desarrollo motriz, cognitivo y social. Todo ello, en consecuencia, fortalece nuestros lazos afectivos.

En mi trabajo como terapista del desarrollo, he tenido contacto con varias madres y padres de familia que me comentan que no saben cómo fortalecer y desarrollar ciertas habilidades con sus hijos. Mi consejo es: “Aprende a disfrutar jugando con tu hijo(a) Vuelve a ser niño(a), ríe, diviértete y pásatelo bien. Toma una pelota, tírate al suelo, juega al toma y dame, puedes pedirle que te ayude en casa, trata de hacerlo todo de manera divertida y notarás que él estará siempre dispuesto a aprender”

Durante este tiempo fuera de mi país, interactuando con madres y padres latinos he notado que muchas veces al sentirnos solos, lejos de los nuestros, nos llenamos de barreras mentales, limitamos nuestro pensamiento sin tener en cuenta que, muchas veces, las cosas más simples de la vida son las que nos producen mayor alegría, mayor satisfacción y mayor beneficio.

Para concluir, me permito citarles una frase, traducida al español, de un autor llamado Stuart Brown: “El juego no es un enemigo del aprendizaje, es el compañero del aprendizaje. Jugar es como fertilizar el cerebro en crecimiento. Es una locura no usarlo ¡A jugar, mamás y papás!

[1] Feeney Stephanie, Moravcik Eva, Nolte Sherry. Who Am I in the Lives of Children?. Pagina 111. edition. Pearson.

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