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Un huerto en casa

written by Evelyn Herrera Toro 29 Noviembre, 2016
huerto en casa

Probablemente por mis raíces, siempre tuve la idea de un huerto en casa, una que otra verdura nada muy grande.  Recuerdo que comencé con un ciboulette (cebollino o chives) y luego se sumaron las acelgas, las tenía en un rincón del patio en un macetero que no ocupara mucho espacio.

No había tanto tiempo para ellas, pues nuestra prioridad y tiempo estaban dedicadas a nuestro hijo. Pero luego nos comenzamos a relajar, nuestro peque estaba más independiente, al menos caminando y moviéndose libremente en casa, y fue así como retomamos el tema.  En este segundo intento, mi pareja también se empezó a sumar al proyecto, a tal punto que remodelamos el patio de la casa pensando en una huerta. El propósito había cambiado, ya no era solo por hobby sino que además era una opción de contar con verduras frescas y sanas para nuestro hijo.

En un momento el proyecto se detuvo, por falta de tiempo y espacio, hicimos una gran jardinera y no teníamos tierra para llenarla, seguía faltando tiempo. Llegaron las vacaciones y  nuestro hijo estaba más grande y mucho más independiente y colaborador, y fue así como mi esposo tomó la decisión de “llenar” nuestra jardinera”… ¡¡¡Llegó la tierra!!!  y con ella las semillas y las herramientas que necesitábamos.  Fue un arduo trabajo, porque había que preparar todo el terreno para comenzar la siembra y darle el “vamos” a esta gran idea.

Ahora, a dos años de un proyecto que se inició de manera sencilla, ya es todo un huerto, donde las manos de mi esposo, de mi hijo y las mías contribuyen al crecimiento de cada planta.  Comenzamos con zanahorias y acelga, hoy tenemos acelga, papas, cebolla, tomates, lechuga, habas, cebollín, orégano, y nuestro histórico ciboulette.

Lo mejor de todo es que tenemos un espacio en común para los tres, donde compartimos tardes enteras, nuestro hijo aprende a sembrar, cosechar y disfrutar. Mi esposo encontró un espacio para relajarse, cuidar y compartir, yo cumplo mi sueño y me relajo con mis verduras.  Aunque a veces no estamos exentos de polémica, ya que nos cuesta ponernos de acuerdo en qué sembrar y dónde, yo soy algo más desordenada, mi pareja más ordenado y nuestro hijo revuelve la tierra y saca y pone las plantas.

Pero en definitiva se ha convertido en un espacio familiar, donde cada cosecha se transforma en alegría y goce, disfrutar de una ensalada de la huerta de la casa no tiene precio, observar cómo tu hijo valora y cuida la tierra y lo que ella te entrega, tampoco; encontrar un espacio de relajación en tu propia casa y con tu pareja menos. Tener una huerta en casa es una bendición.

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